🟣 Editorial | Revista Viernes
El poder que incomoda
En Colombia todavía hay una verdad incómoda: nos cuesta aceptar a las mujeres en el poder… especialmente cuando no piensan como esperamos.
La figura de Paloma Valencia no pasa desapercibida. Divide, genera reacciones, incomoda. Y justamente por eso hoy está en el centro de la conversación. No por consenso, sino por impacto.
Porque aquí no estamos frente a una candidatura más. Estamos frente a una realidad que muchos prefieren evitar: el liderazgo femenino ya no pertenece a una sola narrativa política.
Durante años se ha intentado encasillar a la mujer en ciertos discursos, en ciertas formas “aceptables” de liderazgo. Pero cuando una mujer rompe ese molde —cuando es firme, frontal y sin matices— deja de ser celebrada y empieza a ser cuestionada con mayor dureza.
¿Es el debate sobre sus ideas… o sobre quién las dice?
En un país polarizado, es más fácil descalificar que argumentar. Más cómodo atacar que debatir. Pero la democracia no se construye desde la comodidad, sino desde la confrontación de visiones.
Paloma Valencia representa una corriente clara, con seguidores y detractores. Y eso, lejos de debilitar la discusión pública, la fortalece.
Porque el verdadero problema no es que existan liderazgos que incomoden.
El problema sería que dejaran de existir.
Hoy Colombia no necesita unanimidad. Necesita carácter. Necesita voces que asuman el costo de decir lo que piensan, aunque no guste.
Y guste o no, esa conversación ya empezó.

