Ecopetrol en tensión: Gobierno y junta directiva marcan distancia en medio del caso Roa
La relación entre el presidente Gustavo Petro y la junta directiva de Ecopetrol atraviesa uno de sus momentos más delicados. La reciente decisión sobre el futuro del presidente de la compañía, Ricardo Roa, dejó al descubierto fisuras internas que podrían redefinir el manejo de la principal empresa del país.
Lejos de una salida definitiva, la junta optó por una medida intermedia: Roa saldrá temporalmente del cargo a partir del 7 de abril, primero con vacaciones hasta el 27 de mayo y luego con una licencia no remunerada por 30 días. Una decisión que, aunque evita un remezón inmediato, ha generado fuertes cuestionamientos desde la Casa de Nariño.

El jefe de Estado no ocultó su inconformidad. A través de su cuenta en X, Gustavo Petro criticó abiertamente a sus propios delegados en la junta, sugiriendo que habrían cedido ante presiones políticas internas. Según el mandatario, detrás de la decisión existiría temor frente a sectores de oposición y supuestas influencias externas, especialmente desde Estados Unidos, hipótesis que él mismo desestimó.
“La mayor empresa del país no puede ponerse en bandeja por miedo”, fue el tono del mensaje presidencial, evidenciando una ruptura que ya no es solo técnica, sino también política.
Un equilibrio frágil
La salida temporal de Ricardo Roa coincide con un momento clave del calendario político nacional, ya que su eventual regreso se daría después de la segunda vuelta presidencial. Este detalle no ha pasado desapercibido y ha alimentado el debate sobre si la medida responde más a cálculos estratégicos que a criterios corporativos.
Mientras tanto, la operación de Ecopetrol quedará en manos de Juan Carlos Hurtado, actual vicepresidente Ejecutivo de Hidrocarburos, quien asumirá el liderazgo encargado con el reto de mantener la estabilidad en medio de la incertidumbre.
Reacciones y presión política
Las críticas no se hicieron esperar. Voces como la del excongresista Jorge Enrique Robledo calificaron la decisión como insuficiente, cuestionando que no se haya optado por una salida definitiva. Según sus declaraciones, la medida podría interpretarse como una maniobra que prioriza intereses políticos sobre los corporativos.
A este escenario se suma la tensión con la Unión Sindical Obrera (USO), históricamente cercana al Gobierno, pero ahora salpicada por señalamientos que aumentan el ruido alrededor de la compañía.
📉 ¿Ruptura en puerta?
Lo ocurrido marca un punto de inflexión en la relación entre el Gobierno y la junta directiva de Ecopetrol. Más allá del caso puntual de Ricardo Roa, el episodio deja ver tensiones sobre la autonomía empresarial, la gobernanza corporativa y el peso de la política en las decisiones estratégicas.
El desenlace aún es incierto, pero el mensaje es claro: la “buena relación” parece haber quedado atrás, dando paso a un pulso de poder que podría tener implicaciones económicas y políticas de alto calibre para Colombia.