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OSCAR FERNANDO CORTES HERRERA - Gerente | LinkedIn

COLUMNA DE OPINIÓN: OSCAR FERNANDO CORTES. DOMINGO 19 DE JULIO

La disputa entre Alfredo de Luque y Honorio Henríquez por la presidencia del Senado no es un simple pulso burocrático: es el primer síntoma visible de la fragilidad política con la que arranca el gobierno de Abelardo de la Espriella.

Lo que debería ser una transición ordenada hacia la instalación de una coalición de gobierno se ha convertido en un campo de tensiones internas, agravadas por la intervención directa del expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien no solo ha respaldado a Henríquez, sino que ha cuestionado abiertamente a quienes —según él— están desconociendo acuerdos políticos dentro del bloque oficialista.

Una coalición débil desde su origen. A diferencia de gobiernos anteriores, De la Espriella no llega con una mayoría sólida ni con alianzas cohesionadas. Si se mira hacia atrás, tanto Gustavo Petro como Iván Duque lograron construir bloques amplios que, aunque diversos, garantizaban gobernabilidad.

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Hoy el panorama es distinto:

  • La oposición arranca con cerca del 35% del Senado, una cifra considerable.
  • En Cámara, el margen de maniobra del gobierno también será limitado.
  • Y, más crítico aún, la coalición oficialista no tiene cohesión interna.

La puja por la presidencia del Senado deja claro que no existe una hoja de ruta común. Mientras el uribismo reclama protagonismo como fuerza clave, otros sectores —incluyendo aliados circunstanciales— se inclinan por De Luque, quien ha logrado sumar apoyos más allá del bloque de gobierno.

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Uribe, el factor desestabilizador

El papel de Uribe no es menor. Su respaldo a Henríquez no solo responde a una lógica partidista, sino a una narrativa de “lealtad política” tras haber sido uno de los opositores más firmes al gobierno anterior.

Sin embargo, su postura abre un riesgo evidente:

  • Profundiza la división interna del bloque oficialista.
  • Debilita la autoridad del presidente electo antes de iniciar formalmente su mandato.
  • Y, en el peor escenario, podría empujar alianzas inesperadas, incluso entre sectores antagónicos.

La sola posibilidad —aunque remota— de acuerdos cruzados entre uribismo y petrismo para definir la presidencia del Senado refleja el nivel de volatilidad política actual. que dejan Fortalezas y riesgos del gobierno entrante.

Fortalezas:

  • Presencia de partidos tradicionales como Conservador y La U, que históricamente han sido pragmáticos frente al poder.
  • Apoyo de Cambio Radical y sectores cristianos, que pueden aportar estabilidad en votaciones clave.
  • Un Congreso fragmentado que obliga a negociar, pero también abre puertas a mayorías variables.

Riesgos:

  • Falta de liderazgo unificador dentro de la coalición.
  • Altos niveles de oposición organizada, con capacidad de bloqueo.
  • Conflictos internos prematuros, como el actual, que erosionan la confianza.
  • Una relación incierta con figuras de peso como Uribe, cuyo respaldo no es automático ni incondicional.

Una herida que puede dejar cicatriz

El mayor problema no es quién gane la presidencia del Senado, sino cómo se está dando esa disputa. El tono, las acusaciones y la falta de consenso anticipan un cuatrienio en el que cada reforma será una batalla.

El gobierno de De la Espriella comienza, paradójicamente, negociando su propia gobernabilidad. Y si no logra ordenar su coalición desde el inicio, corre el riesgo de repetir una constante latinoamericana: presidentes con poder formal, pero sin capacidad real de ejecutar su agenda.

La legislatura aún no empieza oficialmente, pero el mensaje ya es claro: la gobernabilidad no está garantizada, y el primer desafío del nuevo gobierno no será la oposición, sino su propia casa.

Es por eso que, sin que arranque de lleno la coalición de gobierno, lo cual pasará desde el 7 de agosto, la misma ya tiene una herida que dejará una cicatriz que podrá marcar de lleno a la misma. Si el uribismo insiste en que tiene derecho a ser los primeros presidentes en el Senado, no se descarta que pueda llegar a hacer una coalición transitoria incluso con el propio petrismo para escoger al presidente del Senado.

Voto a voto se lucha por la presidencia del Senado

Aunque esa opción sería lejana por cuanto el nombre de Alfredo De Luque ya se consolidó en la mayoría de las bancadas, incluyendo a los verdes y quedando a la espera de saber hacia dónde se va el Pacto Histórico.

El exsenador Carlos Motoa sostiene que la coalición comienza con un gran lunar: los presidentes en el Senado y la Cámara, en vez de ser una expresión propia del presidente electo, son cercanos o identificados con el presidente de la República saliente.

Si bien la elección del presidente del Senado es propia de la dinámica de como funciona el Congreso y de ahí que haya dignatarios elegidos con votos de todos los partidos, lo que si es cierto es que el tono con el cual se ha llevado la discusión de quién será el presidente deja seriamente golpeada la salud de la coalición y que en algún momento el trámite de proyectos no le será tan fácil de lograrlos a De la Espriella, y sus ministros, en particular al del Interior, Rodrigo Lara, quien en las primeras de arranque no ha tenido la mejor relación con todas las bancas, tanto las de gobierno y las de oposición.

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